BINOMIOS MARELLIANOS- PROGRAMA DEL AÑO MARELLIANO 2025-2026
Les comparto de manera íntegra la Carta de invitación del Padre General a vivir el Año Santo Marelliano, un programa de vida para toda la Familia Josefina marelliana.
Binomios
El programa marelliano hacia la santidad
A la familia josefina marelliana
Estimados cohermanos y amigos, cada santo y cada santa es “un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio” (Gaudete et exsultate, 19). A nosotros se nos pide asumir de aquel santo el “método”, por así decirlo, el dinamismo con el que ha vivido el Evangelio, buscando traducirlo a nuestro contexto.
Existen diversos modos de acercarse
a la vasta herencia espiritual de san José Marello y, a lo largo del Año a él
dedicado, se nos propondrán diferentes itinerarios de estudio. Esta
contribución tiene la intención de ofrecer algunos puntos de reflexión sobre
los denominados binomios vinculados a la persona del Padre Fundador y
diseminados en sus cartas y enseñanzas: “7
dolores y... 7 gozos”, “cartujos y... apóstoles”, “dentro de casa y... fuera de
casa”, “la mente y... el corazón”, “fuertes y... suaves” (firmiter et...
suaviter), “virtuosos cristianos y...
óptimos ciudadanos”, “verdades naturales y... verdades sobrenaturales”.
La siguiente reflexión propone un programa estructurado en torno al “principio del et-et” (y-y, es decir, el uno y el otro) que, a la luz de las palabras “todo siempre para la gloria de Dios bendito”, exige el continuo esfuerzo y discernimiento para elaborar una síntesis existencial de las realidades que a primera vista parecen opuestas. Nuestro único propósito es alentar a los numerosos seguidores del Marellian way (camino marelliano) a reflexionar sobre las intuiciones espirituales del santo sacerdote y obispo de Acqui y obtener un beneficio para el camino de la santidad: “Quien bien considera el conjunto de las prescripciones hechas por el Padre, ve enseguida que él era amante de la sencillez, se contentó con prescribirnos una vida común, pero no vivida de modo común. Sean extraordinarios en las cosas ordinarias, era una de sus máximas que nos repetía con más frecuencia” (Don G. Cortona, VI Conferencia, en Marellianum, n. 9, p. 1).
1.- Aprender el realismo josefino meditando los “7 dolores y... 7 gozos”Las páginas de la Sagrada Escritura están repletas de números que a menudo no deben ser computados cuantitativamente, sino valorados en su sentido simbólico. El siete es el número que señala la perfección de las obras de Dios, comenzando por el libro del Génesis, en el cual la semana de la creación, reconocida como “cosa buena”, se completa de hecho solo con el día sábado. El número siete representa la plenitud y la totalidad, reflejándose en elementos fundamentales de la fe cristiana como los siete sacramentos, los siete dones del Espíritu Santo y las siete obras de misericordia (corporales y espirituales).
La oración de los Siete Dolores y Siete Gozos
recuerda que el camino hacia la santidad es un viaje que incluye momentos de
felicidad, pero que sin embargo no está exento de desafíos y sufrimiento. Nos
permite meditar, con los ojos de José, los siete misterios de la vida de Jesús
niño y adolescente y revivir los dos sentimientos que atraviesan el alma del
Custodio del Redentor: alegría y dolor juntos, preocupación y confianza en la
Divina Providencia
La oración transmite el realismo josefino porque la vida de cada hombre no puede leerse en un único sentido - o solo alegría o solo dolor -, sino teniendo presentes ambas vertientes. José de Nazaret compartió la vida común a todos los hombres no solo experimentando gozos y dolores, sino sabiendo descubrir en ambos la voluntad de Dios. En la alegría y en el dolor, encomendémonos a aquel que en toda circunstancia permaneció “obedientísimo, fortísimo, prudentísimo y fidelísimo”, como recitan las Letanías (Claudia Mancini).
Precisamente José, el hombre de las 7 lágrimas y 7 sonrisas, nos ofrece otra importante lección sobre la manera de afrontar la “parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia” (Patris corde, 4). De hecho, “muchas veces, en nuestra vida, suceden acontecimientos cuyo significado no comprendemos. Nuestra primera reacción es a menudo la decepción y la rebelión”. Frente a los imprevistos desagradables, José no se queda paralizado ni resignado, sino que utiliza la “valentía creativa” que sabe “transformar un problema en una oportunidad” (Patris corde, 3).
2.- Ser “cartujos y… apóstoles”A lo largo de la historia de la Iglesia, la escena con las dos hermanas, María, atenta a la palabra de Jesús, y Marta, atareada en ofrecer la mejor acogida al inminente huésped, ha sido muy meditada e interpretada (cf. Lc 10,38-42). A menudo, Marta es vista como el símbolo de la acción y del trabajo en este mundo, mientras que María es vista como un ejemplo de la escucha contemplativa. En el fondo, las dos hermanas representan dos actitudes que nunca deben separarse, sino vivirse en profunda unidad y armonía.
Sobre este trasfondo bíblico podemos releer el conocido binomio “Cartujos y apóstoles”, en cierto modo una reminiscencia del deseo de nuestro Fundador de abrazar la vocación de la vida contemplativa. En su visión teológica, el compromiso apostólico está ligado a esta y surge de una profunda vida espiritual. La frase indica la alternancia de momentos de oración y de servicio pastoral, e invita a encontrar un equilibrio armonioso entre la dimensión espiritual y la operativa, tanto en la vida religiosa como en la laical. “San José Marello sintetizó este valor con el lema: ‘Cartujos en casa y apóstoles fuera de casa’ - es hermoso, no sabía esto, cuando lo leí me impactó, una bella síntesis - y es muy importante. Lo es ante todo para ustedes, para que sepan arraigar su vida de fe y su consagración religiosa en un 'estar' cotidiano con Jesús. No nos hagamos ilusiones: sin Él no nos sostenemos, ninguno de nosotros” (Papa Francisco, Discurso a los participantes en el XVIII Capítulo General OSJ).
La pasión pastoral no se ordena yendo al sitio web de Amazon, no es posible comprarla en los grandes Malls y supermercados, y tampoco surge de las horas pasadas con la mirada puesta en la pantalla del ordenador o del Smartphone de última generación. El ardor apostólico, la valentía creativa y la motivación para salir de las zonas de confort personales y pastorales son fruto del encuentro personal con Jesús en la Eucaristía y en la oración. La tarea de sintonizar y armonizar nuestro ser cartujos (vida interior, contemplación, estudio, oración, recogimiento, tiempo para la reflexión y el estudio) con la actividad externa (apostolado, gestión del flujo de información, red de contactos sociales virtuales y reales) constituye uno de nuestros desafíos. En el fondo, se trata de encontrar el equilibrio entre la oración y el apostolado, y entre el anuncio de la palabra de Dios y el tiempo dedicado a la meditación
3.- Saber vivir “dentro de casa y… fuera de casa”
La casa en la Biblia representa un espacio privado imbuido de múltiples significados y remite a una experiencia de seguridad, consuelo y solidaridad. En la casa se viven los afectos familiares y la fraternidad, como es el caso de las personas consagradas. En la casa se reza, se sueña y se sostiene uno al otro, y los encuentros cotidianos y, ocasionalmente también los desencuentros, dan color a las jornadas que se pasan juntos.
Siguiendo la estela de la tradición bíblica, en la carta de fundación, el sacerdote José Marello asegura que la Casa de San José permanece abierta a aquellos que desean servir a Dios y hacerse discípulos de Jesucristo en la imitación del gran modelo de la vida oculta que es el santo carpintero de Nazaret (Carta 108).
Hoy, las nuevas tecnologías de comunicación constituyen un desafío para la presencia física y mental en la casa religiosa. La inmersión en la realidad virtual permite visitar espacios y vivir en “casas digitales” y sentirse “en casa” en otro lugar a través de conexiones emotivas y experiencias pasajeras. Sin un equilibrio en el uso de las redes sociales, se termina estando físicamente en la casa religiosa, pero mentalmente fuera de ella, y se tienen más lazos con personas externas que con los cohermanos de casa.
El mundo digital nos exige encontrar un equilibrio y comprender las profundas transformaciones que se están produciendo no solo en el campo de la comunicación, sino sobre todo en la manera de establecer y gestionar nuestras relaciones en casa y en el apostolado. En el fondo, se trata de redescubrir el gusto de estar juntos en casa, encontrando un equilibrio entre los tiempos personales y los comunitarios.
4.- Plasmar en cada persona “la mente y… el corazón”
Revisando el índice analítico del libro de las enseñanzas espirituales de nuestro Fundador, de unas 400 páginas en total, se llega a un descubrimiento sorprendente. En el listado de conceptos, entre tantos términos, aparece el nombre de Dios y el de san José y están presentes las virtudes teologales y morales. Sin embargo, la palabra recurrente con más frecuencia es... el corazón, a la que se añaden el adverbio cordialmente y con afecto. Por lo tanto, nuestro santo puede ser llamado "santo cordial".
La tarea de la educación en la perspectiva marelliana no es solo el de impartir información o proporcionar una preparación técnica para aportar beneficios económicos a la sociedad. La educación concierne más bien a la preparación de la persona humana para vivir la vida en plenitud, modelando el corazón, el carácter y la afectividad.
Dado que uno no nace docente ni pastor de almas, sino que se llega a serlo, es necesario actualizar continuamente la mente y cultivar el corazón para poseer la segura competencia profesional y pastoral, y sentir la necesidad de amar a las personas y el servicio que se presta a la sociedad y a la Iglesia, llevándolo a cabo con compromiso y convicción. Hoy se percibe la necesidad de docentes, sacerdotes y religiosos plenamente conscientes de su propio papel educativo. De hecho, la cordialidad en los ambientes escolares y pastorales, al concretarse en la estima y el respeto hacia los demás, debe reflejar la atmósfera de la casa de Nazaret.
“Con corazón de padre […] José amó a Jesús”: así comienza la Carta Apostólica Patris corde del papa Francisco y sitúa en primer plano precisamente al amor como elemento indispensable de la convivencia y del proceso formativo.
5.- Al afrontar los desafíos, hay que ser “fuertes y… suaves”
Según los testimonios de las personas que lo conocieron, san José Marello, en el ejercicio de la autoridad y en las relaciones interpersonales, lograba conciliar dos cualidades: “A Marello se le podría aplicar el lema fortiter et suaviter. Era muy dulce en las formas, pero muy firme en la sustancia” (Giacomo Rabino), (SIC 836).
Su autoridad brotaba de la solidez en los
principios y de la amabilidad en el modo de tratar a las personas, evitando así
el sentimentalismo laxo que da rienda suelta y, al mismo tiempo, huyendo del
autoritarismo que impone y no concede espacio. “Al gobernar, más que mandar, buscaba
persuadir. No era ni duro ni débil. Quería la línea justa,
pero aplicada con bondad. Sabía mantener su posición y nunca escuché que se dejara manejar por
nadie (Sacerdote Guido Trinchero) (SSV 317).
Vale la pena recordar el consejo de nuestro Fundador a sor Albertina, quien estaba intranquila por haber tenido que hacer correcciones a sus cohermanas: “Trátelas con amabilidad, pero cuando tenga que decirles las cosas, dígalas. Es necesario ser fuertes y suaves, como san Francisco de Sales” (5 de junio de 1884).
6.- Vivir como “virtuosos cristianos y... óptimos ciudadanos”
La fórmula “virtuosos cristianos y óptimos ciudadanos” (Carta Pastoral IV, 4 de febrero de 1892) se sitúa en la línea trazada por el antiguo escrito A Diogneto, en el que se lee que los cristianos “cumplen con todos sus deberes de ciudadanos y, sin embargo, llevan las cargas de la vida social con desapego interior” y “habitan en la tierra, pero son ciudadanos del cielo”.
El santo obispo de Acqui fue un gran admirador de la vida interior del Custodio del Redentor: “Afortunados aquellos, decía, que entienden el proyecto de la vida escondida: ellos ciertamente darán gran gloria a Dios” (G.B. Cortona, “Brevi memorie”, en Studi Marelliani 1-2 (2012), 63 y 64). Sin embargo, está lejos de una espiritualidad intimista e individualista, sinónimo de evasión y desinterés por la historia. En su correspondencia aparecen numerosas referencias a los acontecimientos de su época y está convencido de que la formación de la conciencia cristiana pueda contribuir a la edificación de una sociedad más justa y solidaria.
La sociedad, incluso la contemporánea, con sus impulsos y sus contradicciones, no es una realidad ajena a la vida de los creyentes en Cristo, sino el lugar donde hay que entregarse viviendo la fe cristiana hasta el final. La vida centrada en el amor es una invitación a una ciudadanía activa y participativa, que debe realizarse en el actual contexto tecnológico a través de la colaboración en la construcción de la justicia y la paz.
7.- Conocer y enseñar “verdades naturales y... verdades sobrenaturales”
El compromiso apasionado con la catequesis marcó toda la vida de nuestro Fundador. Absorbido por el torbellino de trabajo, compuesto por tantos compromisos que llenaban sus días, el sacerdote Marello encontraba tiempo y manera de resaltar la importancia de la formación en la fe. En la carta a su amigo y confidente Stefano Delaude, manifiesta toda su pasión por el catecismo, al que él llama “Libro por excelencia” (Epistolario, Carta 27). Subraya que la catequesis, al exponer las verdades reveladas, forma la conciencia y promueve la educación para la vida. El catecismo es un instrumento que permite comprender mejor la fe y proporciona la respuesta a la existencia humana.
Las verdades naturales y sobrenaturales son complementarias; y esta idea hoy se vuelve a plantear en términos de la relación entre la razón (las verdades naturales) y la fe (las verdades sobrenaturales) entendida como la respuesta significativa para la existencia humana. La fe y la razón son como “dos alas” con las que el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad (Fides et ratio). No puede haber contrastes entre las dos, ya que ambas tienen la misma fuente, es decir, Dios, y representan dos modos distintos de llegar a la misma fuente.
La razón ilumina la fe, mientras que la fe ofrece un
horizonte de sentido y responde a las preguntas existenciales perennes. Un
diálogo armonioso entre ambas permite alcanzar un conocimiento de la realidad,
evitando excesos de fideísmo (solo fe) o racionalismo (solo razón). Es
importante que en la catequesis se valore no solo la dimensión intelectual de
los contenidos, sino también la experiencial, porque muchos jóvenes, a pesar de
haber realizado el recorrido completo de la catequesis, se alejan de la Iglesia
diciendo que nunca han encontrado al Señor. En su último discurso en el
cenáculo antes de la Pasión, Jesús proclamó a los apóstoles: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie
viene al Padre sino por medio de mí" (Jn 14, 1-12). Jesucristo revela el rostro de la verdad.
En
conclusión, exhorto a todos los miembros de la Familia josefina marelliana a
acoger con generosidad la invitación a vivir con entusiasmo el Año de gracia
que comienza y a responder con un compromiso cada vez mayor a la llamada del Señor.
Lima, 25 de noviembre de 2025.
Con un saludo fraterno,
P. Jan Pelczarski, OSJ
Superior general
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